Está esperando en la cola del supermercado con su carro lleno al tope. Los productos que fue recolectando, las marcas que eligió como cazadora urbana, definen su grupo de pertenencia, sus deseos por cumplir. A esa hora del día millones de mujeres recorren pasillos y góndolas con ansiedad, apuro y desinterés, con alegría o angustia guardada detrás de la expresión imparcial de ser anónimo que todos llevan en la calle siempre que pueden. Ella sabe que tiene el mismo aspecto que todas las otras, que encaja perfecto en el estereotipo, que se comporta igual, con similar nivel de arrogancia, que tiene el pelo, la ropa, el auto y el celular que corresponden al modelo, que sigue el itinerario esperado y todo así. Una de sus funciones fundamentales, como la de todas ellas, es la de abastecer a la familia de alimentos, bebidas, vestimenta y accesorios variados, así como la de hacer de chofer para llevar y traer a sus hijos entre las distintas actividades a las que concurren para aprender, desarrollarse en todas sus posibilidades, aún en aquellas para las que no son especialmente virtuosos.