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miércoles, 5 de octubre de 2011

El verano que viene








El auto está lleno a más no poder.  Por el espejo retrovisor apenas se ve una línea de horizonte finita, del baúl emergen bultos amorfos de valijas, cochecito doble, sillas de comer, camperas de último momento, porque en Rocha siempre hace frío de noche, aunque sea verano. En el asiento de atrás, los mellizos atados cada uno en su sillita, tranquilos durante un rato, increíble.
Después de días de revuelo, de preparativos interminables, de ropa, elementos de playa:  sillas, sombrillas, conservadora y tanto más, juguetes, medicamentos por las dudas, comestibles secos, pelelas, pañales, linternas, sombreros y mucho más, finalmente están en la ruta en un mediodía esperanzado como todos los principios de enero, cuando los días todavía traen un aire nuevo, de sorpresa.  Raquel abre la matera que lleva ajustada entre las piernas gordas, y se pone a preparar el mate.  Si no le ceba unos mates a Juan Carlos durante el viaje, siente que le falta una parte esencial a su ritual de vacaciones. Eso y  música de fondo de algún CD de Joaquín Sabina, como ¨Ruleta Rusa¨, uno bien viejo, de los que escuchaba en los primeros años de facultad.  Mientras mira por la ventana las curvas suaves  del campo, los molinos brillando plateados, algún caballo suelto, va pensando qué se habría olvidado esta vez. Ah, las alitas para flotar de los nenes, que eran buenísimas. Si sigue pensando seguro encontrará algo más pero se le gustan las sorpresas.  Ya están pasando San Carlos y no se siente ansiosa por llegar. Está contenta y tranquila. Falta poco. Se mira un rollo que le sobresale de la cintura.  Antes se amargaba con eso, pero ahora le da igual, su cuerpo grande es parte de su maquinaria de  maternidad.  Entonces, Juan Carlos, que no había hablado nada en un rato, le suelta como si nada:
-ché Raquel, ¿y si en vez de La Pedrera seguimos hasta Valizas?  Nico me dijo que el rancho está vacío y que podemos pedir las llaves en lo del Chupete
-Ay no, Juan Carlos, otra vez al rancho de Nico y Ana no,  por favor. Ya habíamos quedado que este año no íbamos a ir a Valizas, por favor. Ya tengo la reserva en las cabañas, no jodas
-Pero no pagaste nada, ¿o si?
-No, si sabés que no pagué,  pero ya teníamos un plan. Por qué siempre  llegás a las conclusiones sin decirme lo que estás pensando entre medio?
-Es que se me ocurrió ahora. Nos ahorramos esa guita, así después podemos arreglar el estudio. Dale, Raquel
-Ay no, Juan Carlos. Vos sabés la mugre que debe tener ese rancho, yo no llego otra vez a sacar bichos bola de todos lados, limpiar pisos y ventilar colchones húmedos al sol. Estoy podrida.  ¿Y si llueve otra vez como el año pasado? ¿ ya te olvidaste de cuando quedamos ahí atrapados como en una isla, rodeados de agua estancada llena de renacuajos? No se me olvida más el coro de ranas que nos cantaba todos los atardeceres entre los pastizales inundados. Y con los nenes  que van de un lado al otro todo el tiempo me voy a enloquecer tratando de atajarlos, y otra vez sin agua para lavar la ropa, que vos no lavás, además, y  tener que ir a buscar los bidones hasta la OSE todos los días, dejate de joder. Ese no era el plan
-¿Pero qué sabés si va a llover mucho? ¿y si no llueve?
-Juan Carlos, a nosotros nos persigue la lluvia. El nubarrón se instala en la playa a la que vamos nosotros. ¿Cuántas veces ya nos clavamos en el rancho inundado de Nico y Ana? ¡Estoy podrida de Valizas!
El grito  despierta a Bruno que se pone a llorar. Raquel se inclina y saca un vaso de piquito de la mochila que ya lleva preparado con agua. Se lo da y el nene se queda tranquilo.  Ya no se escucha a Sabina, el CD se  terminó en medio de la discusión. El camino ahora sólo parece una línea negra inexorable hacia el destino.
-Qué cosa, Raquel, ¿no querés llevar a los nenes al arroyo a bañarse?, ahí estamos tranquilos en la laguna, podemos subir a las dunas. La Pedrera está llena de chetos y todo es más caro, te acordás aquella vez cuando alquilamos todos juntos con Ana y Nico...
-Vos sabés que a mí me encantan las dunas, pero no vas a poder subir con los chiquilines, son muy chicos. Todo lo que me gustaba hacer en Valizas antes, es lo que no puedo hacer ahora, ¡caminar hasta el Cabo Polonio,  quedarme de noche viendo las estrellas tirada en el sobre de dormir,  levantarme tarde, y tomar cerveza a mediodía!. Y todo lo que no me gustaba es lo único que hago ahora, todo el tiempo: lavo ropa meada, con agua de pozo marrón, cocino cuatro comidas en la garrafita de mierda esa y después hay que lavar los platos ahorrando el agua de los bidones que hay que acarrear una y otra vez;  para bañar a los nenes es interminable, calentando agua en la olla,  me canso de sólo pensarlo Juan Carlos, no...
-Dale, yo te ayudo, va a estar bueno
-Yo te ayudo, yo te ayudo, ¡quién te dijo que es mi tarea!!!
-Ay no exageres, no es para tanto... Raquel, en serio. Nos ahorramos esa guita, ¿vos querés tirar así la plata?, en serio...
La rotonda de La Paloma ya está a la vista adelante de ellos.  Las nubes perfectas que cuelgan del cielo ya no emocionan a Raquel. Bruno le pregunta:
-¿Y la playa dónde está, mamá?
-Ya estamos por llegar


-Raquel, dale, por favor, le pedimos a alguien que limpie el rancho cuando llegamos, y te acordás de aquel gaucho que cortaba los pastizales con una azada, podemos pedirle que venga,  así queda seguro para los nenes, dale, va a estar bueno...
-Bueno, está bien
Se quedan en silencio. El motor es la música de fondo ahora. El mate ya está frío.  Raquel empieza a clavarse la uña del  índice en la cara interna del dedo gordo, como hacía en los exámenes de facultad.  Resopla y mira los palmares que ya aparecen a la vista en el campo. Piensa que el año que viene va a alquilar una casa en octubre,  va a pagar la reserva de antemano así ya queda todo claro y decidido con tiempo. Si, va a alquilar una casa con tres dormitorios y vista al mar. Con agua caliente y una cocina de verdad. El verano que viene.  Mientras tanto, una nube gris empieza a aparecer en el horizonte que queda justo detrás del auto. Y el viento la viene acercando, despacito

sábado, 28 de marzo de 2009

diario de las vacaciones III


DIA 3 Agustín sigue llorando.   El sol explota en el cielo, la playa está hermosa.   Subo con Agus a hacer el almuerzo, los hermanos grandes se quedan  en la playa con el papá.  La cuesta arriba es el menor de los problemas. Desconecto mis oídos del llanto de fondo.  Abro la puerta, llego al primer piso donde está la cocina (tan moderna que no está abajo como las de siempre), sigue llorando.  En el piso, llora. En el carrito, llora. En la bañera, llora. Conclusión, cocino con Agus a upa.  Qué difícil es prender un fósforo con un bebe en brazos.  No dejo de arrepentirme de no haber comprado la sillita de comer para viajes.  Ya estoy soñando con el primer día de lluvia, para ir a bagayear al Chuy. Cuidado con los sueños...
DIA 5  Síndrome de abstinencia consumista Desde Agosto estoy soñando con la playa, desde Octubre, sueño con la casa que alquilé por internet. Desde Diciembre no veo la hora de irme de la ciudad, lejos de los hipermercados, los embotellamientos, el calor sobre el asfalto a las cuatro de la tarde.  Estamos a mediados de enero,  hace cuatro días que llegamos.  Hoy llueve, y estamos encantados de subirnos al auto rumbo al chuy -chopping MAL!, el pago más oriental de la patria.    El Chuy es nuestra pequeña Africa personal, territorio lejano y misterioso y tentador.  Supermercado El Cairo, allá vamos.

DIA 6.  Para que el Ratón Perez no tenga que revolver el tacho
La otra paleta se le cayó hace un par de semanas, y desde entonces Guille parecía un linyera con diente suelto en medio de la boca. Por suerte la paleta que faltaba se le cayó de una vez. y ahora tiene un buen portón para que pae la lengua sin abrir la boca.  Pero resulta que mi pichón dejó su diente envuelto en una servilleta, sobre el mantel, a mediodía, después de comer  Si, así mismo.  Ahora tenemos un niño llorando a gritos, y un tacho lleno de papeles, restos de comida, y tantas otras cosas. Es una tarde hermosa, soleada,  con unas nubes barrigonas y doradas que pasan trotando por el cielo, veo las olas rompiendo en la orilla, desde la ventana.  Bajo la mirada y vuelvo a revolver  el tacho de basura una vez más.  Germán ya lo hizo una vez.  Yo tampoco tengo suerte. Un intento más y el ingeniero  con su meticulosidad característica, lo logró.  Recuperamos el tesoro.    Y ahora dejalo abajo de la almohada, nene!

DIA 7. Visitas II.  Filosofía del jabón
 Mi otra cuñada (no, la otra) está de visita.La pregunta de hoy es: ¿por qué da asco usar jabón ajeno en la bañera,  pero en el lavatorio no?.
Mi otra cuñada es amorosa, una especie de Máxima Zorreguieta con algunos kilos de más.  Ella es una regia.  Llega con su revista FACES en un bolso de la Cote d´Azur, de quién sabe que año, pero todo en ella tiene un glamour añejo.   De todas las visitas políticas es la más agradable.  Incluso, desde que se casó, se acuerda que hay que ayudar en tareas como tender la mesa, lavar los platos...  Limpiar el baño, no.  Pero vamos mejorando.  A todo esto, como tantas otras veces, me fui a duchar y me encontré, el jabón del lavatorio en la ducha. Y viceversa.  Sólo ella pudo ser.  Digo yo, no entiendo: le da asco refregarse  por su regio  cuerpo,  el jabón con el que nos hemos bañado nosotros, ok.  Pero por qué no le da asco usar ese mismo jabón, en el lavatorio, donde todos nos lavamos las manos.    Un paso más allá en la reflexión,  y ¿no se puede traer su propio jabón?


DIA 9:  Clásicos enganchados: la mascota
Ah, por cierto,  sigue el viento en Rocha.  Ya me empieza a poner un poco ansiosa esto de las tormentitas que no se terminan de ir.  Lo de siempre.  Pero para entretenimiento familiar, tenemos un nuevo integrante- es el gato de Guille, que apareció ayer, y ya tiene nombre y apelldo: Gasparín Rayo.  Y los niños chochos.  Es chiquitito y está pendiente de todos nuestros movimientos.  Se ve que está muerto de hambre.  Es blanco y gris, y Agustín  llora  cuando se lo mostramos muy de cerca.   Guille lo vigila todo el día, esperando que el gato lo venga a buscar a él.  Le pone leche a cada rato. Esta mañana cuando fui a preparar el desayuno. me encontré el sachet vacío, en la heladera.  Pongamos orden


DIA 10.  Visitas III.  Más cuñados
Uh,  estos  dudaron y dudaron.  Que vamos, que no vamos, que no sabemos cuándo vamos, que no sabemos si nos quedamos a dormir. Al final, vinieron. Son Marcelo y Marcela.  Y los nenes. Divinos por ahora, crucemos los dedos.  Bueno, la cosa es que ese es el tipo de visita que para cuando lleganm una ya está medio podrida.  Es que algo no está bien.  
Marce (la)  no parece estar del todo a gusto.  Por algo somos su familia política.  Bueno, tenemos algo en común, je.  Lástima que no pasamos de ahí.  Y Marce (lo) no es muy expresivo. Así que nunca se sabe si disimula la alegría o es que nada lo divierte en serio.  También, después de tantos años de casado.  Pero, estamos en la playa.  Tenemos algo que nos gusta a todos. Ahí vamos en patota. Los primos juegan. El bebe duerme, todo fluye suavemente.  Le pido a Germán que me pase protector  por la espalda.  y Marce (lo) me ofrece: 
-¨querés que te ponga yo?¨

A Marce(la)  casi le da el shock anafiláctico.  Yo salté como si me hubieran hecho ¨bu!¨  por la espalda:
-¨no, dejá, Andá a cuidar el cochecito de Agustín,  mejor¨

Encima fue de chambón, nada de levante.  Pero a mi cuñada se le pusieron los ojitos viborosos.  Yo sabía que íbamos a tener alguna escenita.  La que fuera.  Siempre pasa.  Es que Marce (la) cuida a su bombón (por lo redondo), con mucho celo.  Guai que me ponga protector solar su gordi.  Es el caso  de la pareja en la que él  alguna vez fue lindo, y ella, siempre fue un bagre. Y anda con los bigotes de punta para protegerlo  Cualquier mujer es una amenaza. frente a los encantos irresistibles  y redondeados de     Difícil si les toca. 




DIA 12.   Siguen las visitas: los recién casados.
Nada como una pareja de recién casados que, realmente creen que ellos son distintos a todos los demás.  Que no tienen, ni van a tener ningún problema, ninguna viscisitud en su plácida vida  marital.   Mi prima, por caso, que está en plena adolescencia a sus frescos 39.  Acurrucada a su maridito, observaba con cierto espanto nuestra conversación  de doce años y tres hijos juntos:
-pero, estás loca? cómo vas a tirar ese yogur?
-es que llevaba cuatro horas arriba de la mesa!!!!!
-y, lo hubieras guardado!!
-por qué no lo guardaste vos, eeehh??


DIA 13.  Viendo llover en Rocha. Se acabó la sequía? 
¨para de lloveeeeeer¨...  ¿No dice eso un tema de Maná?  no sé por qué me desperté con esa canción en la cabeza.   También puede ser que me haya despertado antes la gotera sobre el acolchado, a la altura de los pies.  PEro la cama es de los lugares más secos que quedan en nuestra hermosa y moderna casa de veraneo.  Tenemos exactamente veinticuatro  goteras.  Las conté mientras iba serruchando envases plásticos de agua, cajas de tetrabrik de leche,  para ponerlas debajo de cada una., además de secar el piso no sé cuántas veces,  porque  con el viento las goteras ¡cambiaban de lugar!. Chocolate por la noticia

DÍA 14.  Explotó todo
Lo último que nos faltaba.  Con tanta humedad rochense, saltaron los fusibles! apagón y otro apagón. Explotó el kohinor. Socorro!!!  me parece que ya me quiero ir de acá. A los botes!!!!  
volvamos a los caños de escape, los camiones enormes, los supermercados.  Extraño mi lavarropas!!!!  


DÍA 15
Chau playita!  Por supuesto, el útlimo día es el más maravilloso. El agua estaba como nunca. Me levanté a las siete a pasear por la playa, las olas están más verdes y transparentes que nunca.  Qué nostalgia dejar todo esto. 
El auto ya está que explota.  Nos espera la ruta hasta Colonia, con una parada en lo de mi suegra. Oh, no



diario de las vacaciones II

DÍA  0.  Despegamos.   Agustín empieza a llorar

Germán llegó a casa media hora antes de irnos, juntó sus cositas, las metió en la esquina del bolso que le reservé, cargó el auto cual camello de los Reyes el 5 de enero,  con todo lo que yo venía juntando desde ayer, y salimos rumbo al Buquebus.  Sí, somos emigrantes de acá enfrente,   casi se nos puede llamar porteños, pero no. Cruz diablo. No somos no, ni porteños, ni yoruguas, somos ... residentes permanentes.   
  No se oyó un llanto durante nuestros primeros 17 km de viaje. No lo podìamos creer.  Estas van a ser unas buenas vacaciones, pensé.  Agustín  llegó al barco sonriente. Este es su primer verano. Pero yo ya sé la que me espera  con un bebé en la playa.  Y bueno, el que quiera celeste, que le cueste.
Claro que todo cambió al apoyar  las llantas sobre suelo oriental.  Qué largos son los kilómetros a veces...  130 Km, contados mojón por mojón, es lo que demoró en dejar de llorar.  Intentamos de todo en el camino, no lo duden. 


DÍA 1  Operación playa

Parecía que el viaje tendía a infinito pero no. ¡Llegamos al fin!  Y la casa es tal cual la vimos por internet, es más linda, está más cerca de la playa de lo que yo me atrevía a imaginar.  Son casi las 5 pm, estamos a tiempo de ir a la playa,  empieza la primera maratón, preparados, listos, y una hora después ¡largamos!

DIA 2  La belle famille le dicen los franceses 

Al fin me despierto en una cama que no es la de siempre, con una claridad distinta a la de mi dormitorio. El día está maravilloso, primer éxito de las vacaciones.  Rápidamente la cama se llena de niños y se parece a la canción ¨cinco osos en la cama y el chiquito se cayó¨.   Definitivamente es la hora de levantarme, pero todavía no tengo fuerzas como para correr a buscar bizcochos.  Queda para mañana.  Arranca la carrera del desayuno: según para quién, café con leche, teta o  Vascolet,  que no les gusta, aunque les contamos que nosotros lo tomábamos de chicos... (una pregunta, será rico de verdad o es pura nostalgia?).
 Una hora después, algún Vascolet sigue intacto en su taza, y yo ya estoy haciendo camas, lavando, armando bolso de playa, la lista interminable.  Hora y media después, estamos listos.  Agustin tiene sueño, llora. Una teta más.  Dos horas post prandiales,  nos vamos a la playa.  
Las olas están a unos cien metros de nosotros.  Pero aún así el viaje se hace largo. Apenas Andrés da un paso por la calle de arena y piedritas, empieza a quejarse:
-me uelen los pies, upa, pinsha
Tomamos un atajo salvaje por el pastito, atravesando el camping de los últimos hippies atrincherados que resisten en  Rocha VIP.  Se me cruza un  recuerdo  lejano:  mi pasado de acampante en Valizas y el Cabo Polonio.  ¡Que viva el progresismo con agua caliente!
Y por fin, ¡la arena!  vuelan las ojotas, las remeras, la sombrilla, los bolsos. Llega el  duro castigo diario  del veraneo:
-¡A ponerse protector todos!
-¡No tiedo pdotetod!
-A mí, sólo los brazos
Luchas, forcejeos absurdos, y veinte minutos después, estamos todos embadurnados.  Nos queda media hora de sol sano. Disfrutemos.

Aaah, las ola, las olotas con espuma de Rocha, para saltarlas, como si fuera chica.  Me atajo las tetas que se me salen del soutien.  Es lo que tiene el amamantamiento. Viva la lactancia!
El agua está preciosa, no está congelada como siempre. ¿Será el calentamiento global?  Estamos fritos.
Me olvido rápido, estoy disfrutando  todo a full. El mar, el cielo, la arena, el viento, mis hijos y mi marido, por supuesto.
Suena el celular.  Es mi suegra
-Estee, oíme, estamos buscando la casa de ustedes, ¿ por dónde está?
Ahí voy yo,  cuesta arriba con el cochectio. Agus se despertó.  Es más fácil bajar a la playa que remontar loma arriba el camino a la casa...
Para cuando llego, podría freír un huevo  sobre mi frente con protector SPF30 .  Me encuentro a mi suegra parada en la puerta, junto con mi cuñada Clota,  y en el auto, mi suegro, mezcla de ¨Largo¨, con el protagonista  de la película ¨el bulto¨ de Retes (véanla, más no les puedo decir), y la frutilla del postre, el marido de Clo, el pelado de bigotito tirolés, con gorro del papá de la chilindrina, bermudas con piernas flacas, medias y zapatos. Vikter el inimputable.  Claro, lo veo así  y entiendo por qué aquella vez se apareció en  el asado de cumple de un año de Guille, con traje, chaleco y pañuelo en el bolsillo...   
en   short queda como desvalido,   pobre  tipo.
Espero que se vayan temprano.  Pero ojo, que mi suegra es buena!


diario de las vacaciones I

¿Cómo te fue en las vacaciones?¨ 
Todavía nos siguen  haciendo esa pregunta, y ya estamos por comernos el huevo de pascuas, y al recuerdo del  veraneo ya lo tenemos  en el dedo gordo del pie.  Así que he decidido compartir mi diario de vacaciones con uds.  para saber qué queremos decir cuando decimos:
-¨¡bárbaro!¨.    Al menos, según el rubro.  Este viene a ser, rubro familia con niños chicos, bebé incluído, y familia política a distancia necesaria pero no suficiente  (nunca es suficiente),  del lugar en cuestión elegido para vacacionar...

DÍA -1  Packaging y logística

Después de meses de mirar por internet la casa que quería alquilar , después de seguir mirando la casa que ya había reservado, después de organizar mentalmente  lista de cosas para llevar,  que incluyeran todas las pequeñeces que  formarían el gran bulto del equipaje de vacaciones, al fin llegó  el día de hacer las valijas.  El  primer problema es dónde  meterme sin que los nenes empiecen a revolver  todo.  Mientras tanto mantengo mi clásico diálogo interior, sea verano o invierno.  Cuánto de cada cosa es mucho, cuánto es poco.  El clima es como los mercados de Wall Street, si intento pronosticarlo, lo altero, por lo tanto la ropa elegida según mis predicciones siempre sale mal
-cinco remeras de manga larga?
-no, son muchas
-¿tres?  ¿son pocas?  hará calor o frío? ¿ lloverá mucho o poco?  ¿se secará la ropa?

No sé por qué dudo ante hechos tan contundentes en este mundo como que en Rocha te congelás siempre,  llueve siempre y la ropa demora en secarse más que el 174 en pasar (cuando el 174 demoraba años en pasar, pero cierto, hace años que no vivo en Montevideo, quién sabe cuánto demora ahora).
Aunque el tiempo esté maravilloso, en quince días siempre hay tiempo de que eso suceda. Sobre todo cuando ya no te queda ropa limpia.  Y con tres niños chicos, que van y ensucian y  mojan y sacan del ropero y se meten encima lo que se les ocurre, nunca nada es demasiado.  Sobre todo los bodies para el bebe.

Rubro farmacia: ibupirac, termómetro. ¿Amoxicilina será  demasiado pesimismo?
Rubro electrónica:  todas las cámaras y todos los celulares,  con sus cargadores, memorias.  La tecnología no pesa pero rellena
Allá atrás quedó el tiempo en que una era inubicable en Rocha (bah, en casi cualquier lado que no tuviera un teléfono cerca).  Recuerdo la primera vez que sonó el celular de Germán (tiempo de novios, siglo pasado) en medio de las dunas, rumbo al Cabo Polonio.  Todos los caminantes nos quedamos atónitos.  

Rubro cocina, no tengo límites.  Sé que voy a extrañar los licuados, pero si aparece un minipimer en la valija mi marido se muere de risa.    Pero la prioridad este año vuelve a ser la leche de bebé, y polvos varios para preparar papilla. 
Planeta bebé:  ALGO de todo esto no puede viajar.  Sé que me voy a arrepentir de no haber comprado la sillita de comer para viajes
Toca el turno al universo playa.  El volúmen acumulado  se vería tan bien en un container.  Pero la realidad es que tenemos que meterlo en el baúl de un Scenic. Ay, recuerdo cuando ese baúl me parecía gigante.